Bajo el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, y en medio de intensas lluvias y un frío que calaba hasta lo más profundo, abre sus puertas el Liceo de Niñas de Castro, ubicado frente a la Plaza de Armas (actual café Brújula del Cuerpo). Inicia con una matrícula de 146 alumnas. Hasta entonces, las estudiantes debían viajar a Ancud para continuar sus estudios.
Su primera directora, Sofía Núñez Ibar, impulsó la implementación de un internado fiscal.
En una revista de gimnasia realizada en el estadio de calle Freire, se entonó por primera vez el himno del liceo. Las clases se impartían en jornada completa, incluyendo sábados.
El liceo se traslada a calle Chacabuco. Posteriormente, este edificio fue utilizado como albergue tras el terremoto de 1960.
Se incorporan nuevas salas de clases, oficinas y un patio cubierto.
Se construyen nuevas dependencias: laboratorio, sala de música y cocina-comedor para apoyar a estudiantes.
El liceo obtiene su edificio definitivo de dos pisos en la misma ubicación.
Bajo la gestión del director José Espinoza Tapia, se amplía la infraestructura con nuevas salas, talleres y patio cubierto.
Se implementa el Proyecto de Integración, vigente hasta hoy.
Se construye el gimnasio con apoyo del Centro de Padres y la Corporación Municipal de Castro.
Bajo la dirección de Carolina Velásquez, se amplían y restauran las dependencias del establecimiento.